Proyectando una sustentabilidad a largo plazo

Fuente: La Gaceta
Sabado 25 Julio de 2015

Los costos, los rindes de indiferencia y la sustentabilidad son las principales preocupaciones que tienen los sojeros de Tucumán y de su zona de influencia regional.

La semana pasada se realizó el “XVIII Taller de Variedades de Soja para el NOA”, organizado por la Sección Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), en la sede de la Sociedad Rural de Tucumán, en Cebil Redondo.

Durante el tradicional taller se desarrollaron diferentes temas, relacionado al cultivo de soja con la idea de “construir juntos un espacio de intercambio, información, análisis y discusiones integradoras; con el objetivo de generar planteos de estrategias a largo plazo, a fin de seguir incluidos en el sistema”.

En esta edición, además, se organizó, en conjunto con la Red de Conocimiento de Malezas Resistentes (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), un taller especial de malezas. La apertura estuvo presidida por Daniel Ploper, Director Técnico de esa institución; Mario Devani, coordinador del programa Granos de la EEAOC; Fernando Ledesma, coordinador del Proyecto Soja de la EEAOC, y Martín Marzetti, de Aapresid.

Unos de los temas que mayor atención generó entre los productores asistentes fue el desarrollado por la Sección Economía sobre “Costos, rindes de indiferencia y sustentabilidad en Tucumán y zonas de influencia del cultivo de soja”.

“La sustentabilidad es un proyecto a largo plazo, que debe desarrollar la capacidad de producir indefinidamente, a un ritmo en el cual no se agoten los recursos que utiliza y atiende las necesidades de las generaciones futuras. Esta característica es aplicable a sus tres dimensiones: ambiental, social y económica, y en cualquiera de ellas en que se corte el flujo el sistema entra en desequilibro y puede desaparecer”, se señaló.

La incorporación de la “siembra directa” en la producción de granos del NOA, a mediados de los ‘90, fue un cambio de paradigma, al que se sumó a fines de la misma década la siembra de variedades de “soja RR1 resistentes al herbicida glifosato”. Ambas tecnologías fueron una respuesta al desequilibrio ambiental que venía provocando la labranza del suelo. 

Esta incorporación de tecnología generó incrementos de la productividad, visibles en el rinde de soja que pasó de 1,5 t/ha a 3,5 t/ha, o en el de maíz que lo hizo de 4 t/ha a 9 t/ha. También significó la expansión de la frontera agrícola, el aumento de inversiones, infraestructura y más puestos de trabajo. 

Desequilibrio

En un determinado momento, “el abuso del monocultivo de soja comenzó a provocar un nuevo desequilibrio en el ambiente, ocasionando un incremento en las plagas y en los costos para su control”. Para contrarrestar este desequilibrio, “los productores comenzaron a incrementar la superficie con maíz, para aumentar los niveles de rotación y disminuir la incidencia de las plagas”. 

El aumento del área con maíz produjo un desbalance en la dimensión económica de la sustentabilidad, pues se produjo un volumen de maíz que no puede ser absorbido por el mercado. 

Se sumó la fuerte caída del precio internacional del maíz y el efecto negativo de la política exportadora, la emisión de ROE y las retenciones a la exportación del 21% en el precio del grano. 

Como solución alternativa siempre se plantea el “agregado de valor local”. La pregunta de fondo sigue siendo ¿por qué fracasan los emprendimientos que buscan esto? ¿Están dadas las condiciones para que estas inversiones sean exitosas en el NOA?