En Las Cejas hay presión de cetaria, echinochloa y pasto ruso

Fuente: La Gaceta
Sabado 16 de Mayo de 2015

Prueban pre-emergentes para ver cuál anda mejor y logran reducir el problema de las malezas resistentes.

Pablo Guillermín integra la empresa agropecuaria Servicios y Negocios que trabaja en varios campos de Tucumán. Por ejemplo, unos en la zona de Leales y otros en el este provincial, en Las Cejas.

“En Leales, desde hace unos 10 u 11 años, venimos soportando mucha presión de ‘atacos resistentes’; existen herramientas de trabajo para seguir sembrando, pero no existe un control definitivo porque no se lo encuentra. Pero sí existen estrategias para llegar más limpios a cosecha”, reseño Guillermín ante la consulta telefónica de LA GACETA Rural.

“Y en el caso del campo de Las Cejas, tenemos malezas resistentes a glifosato como ‘cetaria, ‘echinochloa’, ‘pasto ruso’ y ‘urochloa (brachiara)’, que están muy diseminadas en Tucumán. Así venimos desde hace 4 años; logramos un mejor control, pero no podemos eliminarlas por completo”, reconoció.

“Los controles son cada vez más caros, pero debemos trabajar para evitar que se genere resistencia en otras malezas al trabajar con mono productos”, dijo. “Mi temor es que, dentro de dos o tres años, aumente la resistencia de las malezas”, dijo preocupado.

Guillermín observó que, en el caso de la empresa, están probando volver a cultivar campos abandonados. “Hay casos de campos rotados con maíz y abandonados, porque el precio y los problemas de entrega hacían inviable ese negocio”, dijo. “En esos casos, empezamos a rastrar (pasarles la rastra) esos campos; además, estamos probando pre-emergentes para ver cuál anda mejor y reduce el problema de las malezas resistentes”, comentó. 

“Todo esto es parte de la mezcla de estrategias que estamos encarando, para ver si podemos bajar la presión. En esos campos luchamos contra las malezas resistentes y el picudo negro. La semana que viene comenzamos a cosechar, y veremos los resultados de esta estrategia”, agregó.

En este punto, Guilllermín destacó las investigaciones que llevan adelante el INTA y la Eeaoc de Tucumán. 

“Existe un trabajo técnico que lleva varios años, pero después se combinan la temperatura y las lluvias y se modifica la biología de las malezas, por lo que el trabajo de investigación trabaja, casi, sobre prueba y error. Pero no hay que bajar los brazos y seguir buscando las mejores soluciones”, concluyó.