Las lluvias marcan el inicio del ciclo agrícola

Fuente: EEAOC publicada en  La Gaceta
Sabado 26 de Noviembre de 2016
 
Las precipitaciones para la campaña 2016/17 fueron entre octubre y noviembre, con valores acumulados que van entre 50 a 130 mm.

En Tucumán se inició el ciclo de lluvias para la campaña 2016/17, habiéndose registrado entre los meses de octubre-noviembre valores acumulados que van entre los 50 mm y los 130 mm, dependiendo de las zonas.

Así lo afirmaron los ingenieros agrónomos Mario Devani y Fernando Ledesma, coordinadores del Programa Granos y del Proyecto Soja de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) de Tucumán, respectivamente.

Los profesionales brindaron un informe referido a las características del inicio de la campaña 2016-2017, del cultivo de soja en Tucumán y proponen una serie de recomendaciones para que los productores tengan un óptimo desarrollo durante la temporada. 

“Estas lluvias marcan el comienzo de un nuevo ciclo agrícola, posibilitando a los productores efectuar los barbechos correspondientes, preparando los lotes para la acumulación de agua y su posterior siembra, ya que en breve estaremos acercándonos al inicio de la fecha óptima de siembra del cultivo de la soja, en especial en áreas subhúmedas-húmedas o pedemontanas”, puntualizan los expertos. 

“Atento a esta situación, -agregan-, es indispensable, en especial en lotes con malezas resistentes a glifosato, el uso de herbicidas preemergentes o mezclas de ellos, para controlar las sucesivas camadas o cohortes de malezas, ya que de esta manera facilitamos, y en muchos casos economizamos, el manejo de las mismas”.

“En el caso de lotes que vienen de cultivos invernales (trigo o garbanzo, que se encuentran en la etapa final de cosecha), el manejo se simplifica, ya que en una sola operatoria se podrán mezclar productos que controlen las pocas y pequeñas malezas emergidas, con los herbicidas preemergentes mencionados anteriormente”, sugieren.

Calidad de la semilla

También, remarcan que “es importante en esta etapa, verificar la calidad de la semilla con la que se cuenta, a través de nuevos análisis de poder germinativo y sanitarios, ya que se tienen referencias que un importante número de lotes semilleros, con muy buena calidad al momento de la clasificación de la semilla, perdieron aptitud en el tiempo, obligando en estos casos al recambio de la misma”. 

“Entonces, en función de la calidad física y sanitaria de la semilla, se debe elegir el fungicida curasemilla que se ajuste para cada situación en particular”, señalan. 

También, en función de la presencia de plagas en los campos, como “picudos” (Sternechus, Rizomathus, Promecops, etc.) o bien “orugas bolilleras” (Helicoverpa sp.), se recomienda el uso de insecticidas específicos para el manejo de estas plagas”.

“Además de los curasemillas, se recomienda el uso de inoculantes específicos para esta leguminosa, ya que en el promedio de muchos años de ensayos realizados por la Eeaoc, arroja un incremento promedio en el rendimiento de un 8%, con relación al testigo sin inocular”, detallan los ingenieros.

En relación a la elección del cultivar, los expertos sostiene que es recomendable en zonas pedemontanas (con buenas precipitaciones) el uso en mayor porcentaje de grupos de maduración (GM) cortos que, además de un alto potencial de rendimiento, permiten instalar un cultivo de invierno con buenas perspectivas de producción. 

En cambio, en zonas subhúmedas-secas ó semiáridas, los materiales más estables son los GM más largos. Las posibilidades de grupos cortos para estas zonas se reducen a lotes de muy buena calidad, y/o con antecesor maíz. “En general, en este tipo de zonas las fechas de siembra más estables son a partir de la segunda década de diciembre, luego de que los suelos acumularon agua en el perfil”, aseveran.

“En el caso de uso de cultivares con tecnología Intacta (resistente a glifosato y orugas), cuya superficie se incrementó notablemente en esta última campaña, es recomendable el uso de refugios con variedades RR1 (solamente resistentes a glifosato), en un 20% del área sembrada, y con un diseño variado, en donde la soja Intacta no se aleje más de 1.200 m de la RR1”, admiten los profesionales.

Densidad

La densidad de siembra es una variable que interactúa con otras como ser grupos de madurez, variedad, espaciamiento, calidad ambiental, fechas de siembra, etc., por este motivo es fundamental su ajuste en función de cada situación en particular. 

“En líneas generales, se recomienda para siembras en fechas óptimas y con materiales de ciclos cortos entre 320.000 y 340.000 plantas/hectárea, y para los ciclos largos entre 220.000 y 240.000 plantas/hectárea”, recomiendan.

Por último, en relación a la distribución de las plantas, “se sugiere ajustar la uniformidad de siembra. Ya que si bien la soja (a diferencia del maíz) tiene una alta capacidad de compensación y puede alcanzar buenos rendimientos con huecos de hasta 35-40 cm; lograr una distribución uniforme de plantas posibilitará al cultivo un cierre parejo y una mejor competencia con la maleza. 

Caso contrario, en estos huecos, aparecerán tardíamente malezas que tal vez no quiten demasiado rendimiento a los cultivos, pero sí pueden estar incrementando el banco de semillas y dificultando la trilla”, subrayaron los investigadores.