Hubo fallas al cuantificar la infestación con SARG

Fuente: EEAOC publicada en La Gaceta
Sabado 22 de Octubre de 2016

El error permitió la dispersión de semillas y de polen, dando lugar a la aparición de poblaciones con distintas resistencias.

A 10 años de la aparición del SARG: ¿Qué hicimos mal?” Es lo que se preguntó el disertante Claudio Ghersa al exponer en el “Simposio sobre atacos y gramíneas resistentes” realizado en Tucumán, días atrás, en la SRT.

Ghersa es profesor Titular de la cátedra de Ecología de la Facultad de Agronomía, Investigador Superior del Conicet y director del Ifeva (Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura). Ha trabajado en el estudio de los sistemas agrícolas los últimos 35 años, y dentro del programa de malezas ha conducido estudios sobre biología del Sorgo de Alepo, desarrollando en el simposio un análisis de los factores que contribuyeron a la dispersión del biotipo resistente a glifosato (SARG) de esta especie, en toda la región productora de granos del país.

En una reseña de los estudios que se hicieron para caracterizar los mecanismos de la resistencia en la planta, su heredabilidad y los factores que influían en la expresión de este carácter, indicó que, al comprobarse qué biotipos de diferentes provincias correspondían genotípicamente a poblaciones locales, perdió peso pensar en el aislamiento de regiones, para “dar importancia a la prevención en cada una de ellas”.

Señaló que un aspecto importante fue no tener en cuenta los niveles de infestación que se debían manejar, porque cuando estos eran bajos se tendría que haber buscado su erradicación. En cambio, se permitió la dispersión de semillas y polen, dando lugar a la aparición de poblaciones con diferentes formas de resistencia. En esos casos, indicó que “hasta hubiera sido válido descartar el lote para cultivos de verano”.

La dispersión

Los procesos de alta infestación no ocurren de manera masiva, a menos que se siembre a la maleza; luego comienza la dispersión dentro del lote con las máquinas cosechadoras. Este último aspecto es tan importante, que en Australia se determinó el cierre de la descarga del “sacapajas” para impedir la diseminación en el campo.

Cuando ya toda la infestación posible está consumada y el banco lleno de semillas, comienzan los controles, que son económicos desde el punto de vista de la producción, pero no desde la población de la maleza. Aquí, el dilema pasa entre la eficacia y la frecuencia de control. En este último caso aumenta la frecuencia de selección de individuos que resisten al herbicida utilizado. 

Las escalas

Existen escalas para el control de un problema que se deben conocer. 

“Se debe tratar de reducir el nivel de infestación mediante controles eficaces”, pero este concepto se contrapone con la escala de la explotación, donde su dimensión dificulta la aplicación de tratamientos eficaces por su costo y logística necesaria, por lo que se prefiere mantener la producción conviviendo con el problema.

El clima y suelo son determinantes muy fuertes en la eficacia del control. No es lo mismo hablar de una ventana de aplicación en el Norte que en el Sur de Buenos Aires, al igual que las biozonas para el crecimiento de una especie, y esa influencia regional muchas veces no se tiene en cuenta. Así los controles eficaces, para una y otra región, pueden ser muy diferentes.

Ghersa considera que, en promedio, las explotaciones que declaran tener Sorgo de Alepo en sus lotes, no superan un 15% de infestación, de los cuales, solo un 1% es resistente. Por ello, piensa que “realizando manejos lógicos, como no cosechar las áreas invadidas por biotipos resistentes, se puede contener su avance”. Finalizó recordando que “el origen, la difusión y la dispersión de los S resistentes tienen relación con prácticas que realizamos nosotros y, por lo tanto, susceptibles de ser controladas