La soja, por la rentabilidad perdida

Fuente: Calrín Rural
Viernes 20 de noviembre de 2015

Un reciente informe de la prestigiosa Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), de Tucumán, dejó en claro por qué la agricultura ya casi no es negocio en el norte del país en los últimos tiempos.

La EEAOC, que dirige el reconocido ingeniero agrónomo Daniel Ploper, planteó que la soja, cultivo de referencia también en el norte argentino, arrojó márgenes negativos o nulos en Tucumán en los últimos cuatro años. Y la situación, aunque por supuesto con matices, sirve de referencia para buena parte de la región.

El trabajo de la entidad precisa que en la última campaña, la 2014/15, “el margen bruto de soja en la provincia fue negativo en la gran mayoría de los casos”. Y agrega que “desde el punto de vista económico, la producción de soja en Tucumán lleva cuatro años consecutivos de resultados muy ajustados, nulos o negativos”.

A la hora de explicar los factores que más pesan en esa realidad, la EEAOC recurre a argumentos que resultan comunes a todo el país (algunos) y sobre todo al NOA (otros). Entre los primeros, dice que “la incidencia de las retenciones es en extremo negativa, al disminuir el precio en un 35%. Sin su efecto, los márgenes, en la mayoría de los casos, serían positivos”. Y en cuanto a los elementos negativos a nivel regional destaca que “es necesario buscar alternativas que permitan compensar o evitar el gasto en flete”.

Esa coyuntura de la soja se repite, por supuesto, en muchos otros cultivos, que esperan que el nuevo Gobierno tome medidas impostergables para volver a poner a esas regiones del país, de fuerte peso en la agricultura nacional, otra vez en movimiento.

 ¿Pagar o no pagar?, esa es la cuestión.

Hablando de soja, una campaña que lanzó en los últimos días el semillero DonMario entre sus clientes plantea una cuenta sencilla que pretende dejar en claro cuál es el beneficio de pagar la nueva tecnología para el control de insectos que incluye en sus sojas, que también está en las variedades de su competidor Nidera y otras compañías del sector.

Los de DonMario argumentan que el valor del cánon tecnológico de esas sojas (las Intacta, que incluyen el gen Bt, que permite controlar insectos lepidópteros) es de 5,4 dólares por tonelada de grano, mientras que una aplicación contra esos bichos (que debería evitarse con esta tecnología), tiene un costo aproximado de 15 dólares por hectárea.

En una soja de segunda en la zona núcleo (el norte ya adoptó masivamente la tecnología), si se calcula un rinde de 2,5 toneladas por hectárea, se pagarían de cánon 13,5 dólares por hectárea. La aplicación saldría 15, solo contando el producto y el trabajo del aplicador.

Pero, además, allí no se cuentan intangibles como, entre otros, saber que no se llegará tarde con la aplicación, con la consiguiente y costosa pérdida de rendimiento que eso puede generar.

El eterno debate del trigo y el pan.

Ante la posibilidad de que se eliminen las retenciones a cultivos como el trigo en las próximas semanas, algunos pusieron el grito en el cielo y dijeron que eso podría impactar en una suba del pan. El tema se instaló como debate en el mundillo de los corredores de granos, sus clientes productores y grandes exportadores.

En ese contexto, un experimentado corredor recordó, por un lado, la baja incidencia del trigo en el costo del pan. Pero, por otro lado, aportó, como buen memorioso, un dato más interesante: hace dos años el trigo se pagó casi tres veces más que ahora ($ 4.700 la tonelada en octubre de 2013 contra $ 1.300 de los últimos días), lo cual justificó para muchos el aumento del pan que se registró en ese momento. Pero, luego, con el derrumbe del trigo, el precio del kilo no bajó en las panaderías. Si se quitara el 23% de retenciones del cereal, eso no significaría que su precio se triplicaría y está claro que estaría muy lejos de llegar a los valores del 2013