Los riesgos de apostar a una variedad de caña susceptible

Fuente: La Gaceta
Sabado 09 de enero de 2016

¡Alerta roya! No, no hay un error de tipeo. Usted leyó bien. En esta ocasión, la expresión alerta roya tiene el equivalente al de una alerta roja. Para ser más concretos: alerta roja por la presión de la roya”. Con esas palabras, César Horacio Terán, agente del proyecto Cambio Rural de la AER-INTA, resumió la preocupación que genera la aparición de esta enfermedad en la provincia. El cañaveral tucumano, con mayor intensidad en el área central (en el pedemonte y en la llanura) y disperso en muchas localidades del Noreste y del Sur, se tiñó de un color marrón ferruginoso como consecuencia de una severa infección de la roya marrón de la caña (Puccinia melanocephala). Esta enfermedad está reportada en Tucumán desde hace varios años y a partir de 2007 se confirmó el quiebre de resistencia de la LCP 85-384, principal variedad cultivada en nuestro territorio. Desde entonces el INTA y la EEAOC vienen alertando sobre el riesgo que implica seguir incrementando el cultivo de esta variedad, pero se siguió incrementando hasta ocupar casi 90% de la superficie plantada con caña, por la sola razón de que LCP 85-384 significó el mejor negocio cañero. Esto debido a su alta capacidad productiva en términos de azúcar por unidad de área en campo y en fábrica; su tolerancia a heladas; su precocidad y creciente curva en acumulación de azúcar y su demostrada capacidad de adaptación a los tan dispares ambientes de Tucumán y el resto del NOA.

Desde que se declaró el quiebre de resistencia para LCP 85-384 (2005 -2007) hasta ahora, la roya marrón se presentó prácticamente en todas las campañas, generalmente en otoño, en períodos cortos y cubriendo todas las zonas de nuestra provincia. En ninguno de esos años tuvo una incidencia significativa sobre los resultados productivos, lo que contribuyó, en cierta medida, a restarle importancia o a perderle el respeto.

Para el inicio de este nuevo ciclo cañero 2015/16, una conjunción de factores ha contribuido a elevar el índice de peligrosidad de la enfermedad. Un otoño muy lluvioso y con expresión generalizada de la enfermedad, y un invierno templado y sin heladas que afectaran el follaje, permitieron una serie de ciclos (casi sin cortes) del patógeno. Esto generó un aumento sustantivo de la carga de esporas en todo el ámbito cañero. Luego, una primavera húmeda y templada con bajones de temperatura, sumado a la gran predominancia de una variedad susceptible, han configurado un marco ideal para el proceso de infección del hongo causal de la enfermedad. Aquellos lotes con mejor disponibilidad de nitrógeno (fertilizados temprano o de suelos más ricos), de cepas más nuevas, los más vigorosos, son los que han presentado la mayor incidencia y severidad de roya, tal como es de esperar (según los numerosos estudios realizados en el mundo cañero y confirmados por los investigadores de nuestro medio) como condición que predispone al ataque de la roya marrón.