Las medidas para el sector granario serían insuficientes para convertirlo en sustentable

Fuente: La Gaceta
Sabado 02 de enero de 2016

Los ingenieros agrónomos Mario Devani y Daniela Pérez opinan que la eliminación de retenciones en trigo y en maíz, su disminución en soja, y la apertura de la exportación ayudan a la actividad.

Un análisis de los ingenieros agrónomos Mario Devani (Coordinador del Programa Granos) y Daniela Pérez (Jefa de la Sección Economía), ambos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), señala que la eliminación de retenciones en trigo y maíz, su disminución en soja, y la apertura de las exportaciones son una ayuda importante para el sector granario. Pero, la situación en el NOA sigue siendo compleja, especialmente para el cultivo de soja. Las expectativas giran hoy en torno de cuáles serán los efectos de la devaluación, y a lograr muy buenos rindes en 2015/16. La mayor relación devaluación/inflación será la que determine un impacto positivo en la rentabilidad del productor, especialmente en las deudas en peso, en el costo de estructura, que se volvió muy significativo en los últimos años, en todos los servicios (siembra, cosecha, aplicaciones, flete). Todos estos rubros con fuerte influencia del componente salarial. 

Considerando un valor del dólar de entre $ 13,5 y $ 14,5 y un incremento en el costo de servicios del 25%, aceptando que los agroinsumos que cotizan en dólares mantendrán su valor, y teniendo en cuenta precios en el momento de cosecha del orden de U$S 220/t en soja y U$S 145/t la rentabilidad de los granos experimenta cambios con respecto a 2014/15. 

El “rinde de indiferencia” del cultivo de maíz es del orden de las 5 t/ha, y el de soja este es más cercano a las 2,5 t/ha, valor que sigue estando muy cerca del rinde promedio de la zona. Con un dólar de $ 12,5, el rinde de indiferencia de soja se mantendría alrededor de 2,8 t/ha. 

Este cambio, en los rindes de indiferencia muestra que las medidas son una ayuda importante, pero no suficiente para sostener la rentabilidad del sector en el largo plazo, especialmente frente a la mala perspectiva de precios internacionales. Actualmente, muchas empresas afrontan una crisis, resultante de factores político-económicos y ambientales ocurridos en las pasadas campañas. Sacar provecho de la situación implica para las empresas el desafío de ir más allá de lo productivo, dónde requieren incrementar la eficiencia en la relación productividad/costos, y ver el negocio de una manera más integral. Por su parte, el sector granario tiene la tarea de sumar acciones mirando un horizonte más lejano que apunte a su desarrollo industrial.

Llevar granos al puerto para volver a traerlos como proteína animal o combustible, es insostenible, especialmente cuando el país sufre déficit energético y cuando la oferta local de maíz, tiene un excedente cada vez más significativo. 

Con un recorrido promedio de 1.200 km hasta el puerto, el flete es representativo en los costos para cualquier actividad exportadora del NOA, de modo que la transformación local de los granos resultaría de gran impacto, quizás más que para cualquier otra zona. Por otro lado, la agroindustria tiene gran potencial para generar puestos de trabajo, característica deseable en una región con indicadores de pobreza tan elevados. 

Transformación


Pero esta necesidad no es nueva. ¿Por qué hasta el momento no se pudo lograr este desarrollo? Probablemente para muchas empresas del sector productor primario en este momento sería muy arriesgado incursionar en una nueva curva de aprendizaje, cuando según datos de Aacrea más del 38% tiene deuda estructural. 

En este sentido el desarrollo agroindustrial. quizás requiera de inversores y socios de otros sectores que aporten además de capital, conocimiento de procesos y logística escasos en la región. 

Evitar fracasos requiere identificar claramente las barreras que han imposibilitado el establecimiento de una agroindustria más diversificada en la región y trabajar sobre ellas. 

El consenso Gobierno-empresas para actuar sobre estas barreras y promover marco regulatorio que se respete en el largo plazo y permita la inversión en la agroindustria regional es la base.