Perspectivas en Energías Renovables

 

Disertación de José G. Filippone
ENERGÍAS RENOVABLES Y DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

“Las energías renovables distribuyen  mejor la riqueza, porque se implementan en distintas regiones de un país según las características naturales de cada una de ellas: en  Tucumán, por caso, no tiene sentido la energía eólica, sino la de biomasa”.

Lo afirma Dr. en Ingeniería José Guillermo Filippone Capllonch, de origen tucumano y radicado en España hace 25 años, quien en agosto de este año dictó en esta Estación Experimental un curso interno titulado “Encrucijada del Milenio: Desarrollo y Medioambiente”.

El profesional participó además en discusiones sobre proyectos de esa institución en la temática de energías renovables y pronunció una conferencia, abierta al público, en la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Tucumán (UTN).

La estadía del Dr. Filippone en su provincia natal fue financiada con el subsidio “César Milstein”, otorgado a la Estación Experimental por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.

“En España trabajo en un área que investiga herramientas de diseño para mejorar y optimizar el rendimiento ambiental de productos. A la hora de diseñarlos deben adoptarse medidas para minimizar el impacto sobre  el ambiente.  De este modo, a los factores funcional, estructural y económico de un objeto  se suma el ambiental, que  tradicionalmente no se había tenido en cuenta. Al menos en Europa esto es fundamental, porque el estado y muchas compañías sólo adquieren productos con certificación ambiental”, explica Filippone.

Según el investigador, “existe un el filtro natural para que a un producto económicamente no rentable la gente no lo consuma, pero también es verdad que si hay apoyo del estado -a través de una financiación, por caso- el objeto puede resultar viable. Eso pasa con los vehículos eléctricos, que reciben un subsidio estatal para que la gente los adquiera, porque de lo contrario resultarían costosos. El vehículo eléctrico y la movilidad eléctrica se apoyan en la idea de aumentar el empleo de energía renovable y, a la vez, disminuir la emisión de dióxido de carbono y la importación de combustibles fósiles.

Para Filippone, la sociedad se halla “en un punto de inflexión; en una reorientación del desarrollo técnico y económico del mundo.  Aunque el ideal es sería adoptar un cien por ciento de energías renovable, ya estamos yendo hacia un mundo de diversificación energética; seguirá  habiendo gas y petróleo, pero se potenciarán energías como la solar y la eólica. Pero también hay que cambiar los paradigmas de consumo y ahorrar energía; en este sentido, los vehículos eléctricos también ayudan”.

-¿Se habla de plazos en este proceso de reorientación del desarrollo?

-Hay organizaciones como Greenpeace  que plantean  un esquema completo y consideran posible alcanzar el cien por  ciento de energía renovable en un lapso relativamente corto: creen que para 2050 se estaría logrando ese objetivo.

Todo requiere inversión. Ningún proyecto puede hacerse sin ella y sin investigación. Cuando  se habla de que en energías renovables hay que invertir es verdad, pero también hay que invertir para cada pozo petrolero que se abre y para resolver problemas ambientales derivados del uso de  los combustibles fósiles y las enfermedades debidas a  la contaminación y el deterioro del patrimonio urbano, en el que las casas se ensucian y deterioran. Hay que invertir en muchas cosas, pero la clave está en la orientación política de los gobiernos. Al fin y al cabo las sociedades progresan gracias a las inversiones y los estados tienen que apoyarlas con señales claras: exenciones impositivas, pagos de primas al costo del mercado de energía, presión para que los vehículos sean menos contaminantes y ayuda para que todo eso sea viable. Si vamos a esperar a que las petroleras terminen de agotar el petróleo rentable y recién comenzar a realizar este tipo de inversiones, se corre el riego de seguir gastando en cosas en las que ya se ha puesto mucho dinero. Me sorprende que cuando la Bolsa de un país sube -o baja- un dos por ciento, la gente empieza a preocuparse; pero la tiene sin cuidado cuando le dicen que va a subir dos metros el nivel del mar”.